Brexit. Unión Europea. Reino Unido. Salida. Si uno ha estado vivo o consciente en los últimos años habrá oído estas palabras prácticamente a diario. Está en todas partes: en los periódicos, en los telediarios, en la red… El mayor problema que nos encontramos es lo complicado de todo el proceso y que éste no hace más que complicarse a medida que pasa el tiempo. Para entender saber en qué punto se encuentra es necesario repasar breve y cronológicamente lo que ha ido pasado estos tres últimos años. Empecemos…

El 23 de junio de 2016 los ciudadanos del Reino Unido a favor de la salida de la Unión Europea consiguen la victoria con un escasísimo margen en el referéndum. Con esos resultados en la mano, el último día del Reino Unido en la Unión Europea hubiese sido…el pasado 29 de marzo. Esta teórica ruptura no sería tal, ya que habría un período de transición que acabaría a finales del año 2020. Entonces, ¿qué posibilidades hay?, ¿por qué a día de hoy se sigue hablando del Brexit?

Varios factores se han ido alineando, pero sobre todo hay que recalcar una serie de nombres: David Cameron, Nigel Farage, Theresa May, Jeremy Corbyn y, el último en sumarse a la “fiesta”, Boris Johnson.

Por partes…

Nigel Farage, antiguo líder del UKIP (United Kingdom Independence Party) y máximo representante del auge independentista. Nigel Farage dejó su cargo a finales de 2016 para acto seguido fundar un nuevo partido, el Brexit Party, cuyo nombre e intenciones no hace falta traducir.

Bajo el mandato de David Cameron (primer ministro británico desde mayo del 2010 hasta julio de 2016) se llevó a cabo el referéndum. Durante las elecciones al Parlamento Británico de 2015, viendo el aumento de “afecto” del UKIP, un partido abiertamente ‘eurófobo’, prometió que de salir reelegido convocaría dicho referéndum antes de 2017. Tales pronósticos se cumplieron a pie de la letra. No obstante, David Cameron, en contra de la opinión de muchos miembros de su partido, hizo campaña por la permanencia en Europa, aunque dejó carta libre a otros miembros para apoyar cualquier postura. Finalmente, y contra todo pronóstico, los resultados del 23 de junio determinaron como ganadora la opción de la salida de Europa. Acto seguido, aprovechando un Congreso del Partido Conservador para elegir a su sucesor, presenta su dimisión. El sucesor sería en este caso su ministra de Interior, Theresa May.

El mayor problema de May es que en las elecciones generales anticipadas de 2017 dejan a May y a su partido sin mayoría parlamentaria, lo que obliga tanto a ella como a su partido a intentar un acuerdo votado por mayoría en el Parlamento y, a su vez, que contente a la UE. Tras un segundo fracaso en la votación del pasado 12 de marzo, May se ve obligada a pedir a la UE una prórroga para llegar a un acuerdo. El nuevo plazo se cumple el 31 de octubre de 2019. No obstante, May tuvo tiempo de proponer (y fracasar) otro plan de salida el 29 de marzo. Una de las piezas clave que explica el fracaso del plan de May es Jeremy Corbyn, líder del partido Laborista y por tanto de la oposición. Corbyn, pese a las tiranteces y diversidad de opinión dentro de su propio partido, siempre se ha mostrado contrario a una salida “brusca” o sin acuerdos, llegando incluso a hacer campaña por un segundo referéndum para prevenir el “destructor Brexit”.

Ante este panorama, el Partido Conservador, viendo la incapacidad de May de logar un acuerdo, le “invita” a marcharse. En junio de 2019 empiezan las elecciones primarias del partido, cuyo ganador será automáticamente Primer Ministro y el encargado de lograr el tan ansiado acuerdo. 

En estos momentos nos encontramos en el comienzo de la campaña por las primarias y, aunque hay bastantes candidatos -10 para ser exactos- el favorito es Boris Johnson. Johnson, de ideas conservadoras, es muy conocido en la política por sus extravagancias y por su pasado como alcalde de Londres.

Como es de esperar el Brexit es el tema central de estas elecciones para sustituir a May. En este apartado, Boris Johnson lo tiene muy claro: quiere acuerdo antes del 31 de octubre, ya que «un retraso significa una derrota». Es favorable, eso sí, a conseguir un acuerdo con la UE, aunque afirma que “es responsable prepararse vigorosa y seriamente para una falta de acuerdo”.

Los cuatro escenarios que se han estado planteando desde el resultado del referéndum son los siguientes[1]:

  • Hard Brexit: la opción preferida de la mayoría de Miembros del Parlamento conservadores. Esta opción, dependiendo de cuán fuerte sea, significaría una ruptura con la UE, con el Mercado Común, la Unión Aduanera y la Justicia Europea. Cuanto “más duro” sea, más lazos se cortarían. Los defensores de esta alternativa argumentan que ésta les daría libertad para crear sus propias reglas y tratos con otros países. En cuanto a nivel empresarial, nos encontramos con la primera gran dicotomía: si una empresa basa su negocio en ventas dentro del Reino Unido, éste podría aumentar, ya que los competidores europeos tendrían que hacer frente a aranceles y demás imposiciones; pero si una empresa “vive” de las exportaciones e importaciones, ésta se vería también perjudicada. En cuanto a la movilidad de personas, en tanto en cuanto haya algún tipo de acuerdo entre británicos y europeos, los derechos de ambos serían reconocidos siempre que siguiesen viviendo en esos lugares si entran antes del 2021. Después del 1 de enero de 2021, el desplazamiento de personas entre distintos países puede convertirse en una empresa más ardua.
  • Soft Brexit: opción preferida por la oposición y los Liberal Demócratas. Al contrario que en la vertiente dura, cuanto más suave, menos cosas cambiarían. En este escenario se podría incluso contemplar la posibilidad de que el Reino Unido siguiese formando parte del Mercado Común y de la Unión Aduanera. Comercialmente, esto beneficiaría a empresas que se basan en exportaciones e importaciones, pero perjudicaría a aquellas empresas que basan su negocio en operaciones dentro del país, dado que tendrían una competencia mayor. Por otra parte, algunos lo ven como una ocasión perdida de conseguir acuerdos muy favorables con grandes potencias económicas como China, Estados Unidos y la India. Otro punto a tener en cuenta y que no juega nada a favor de esta opción, es que se podría ver como una “traición” a los resultados del referéndum.  
  • Chequers[2]: sería una opción intermedia, cuyo propósito no es otro que conseguir suficientes apoyos de ambos lados. En resumidas cuentas, trata de quedarse con lo mejor de cada opción. Es decir, permanecer en el Mercado Común; pero asimismo poder disfrutar de libertad para llegar a acuerdos con países no pertenecientes a la UE y, además, poder controlar sus fronteras, pudiendo limitar la entrada de inmigrantes. Esta fue la opción elegida por Theresa May y la que ha fracasado por ahora.
  • No Deal: en este caso entrarían en vigor las leyes estándares de comercio internacional. El Reino Unido pues dejaría de tener las ventajas de las que ahora dispone. Habría controles de fronteras y aranceles de nuevo. Por otra parte, podría tomar control absoluto de sus fronteras. En el lado negativo encontramos que aquellos británicos que estén viviendo en Europa no estarían protegidos. No obstante, los europeos que se quedasen en el Reino Unido sí que estarían amparados por la ley Europea. En este punto sí que existe un miedo significativo de reavivar la llama, ya casi extinta, del “problema” irlandés. Es un hecho que ninguna de las partes negociadoras desea que se llegase a este punto.

¿Qué pasará al final? ¿Se convocará ese segundo referéndum in extremis para intentar reconducir la situación? En caso de que eso pasase, ¿valdría la pena todo el esfuerzo y medios humanos y económicos que ya se han esfumado en los dos últimos años para dejarlo todo como estaba? ¿En qué lugar dejaría ese desenlace al Partido Conservador? ¿Hace bien Corbyn, el líder de la oposición, en rechazar todas las propuestas que llegan?

Lo que sí podemos afirmar es que todo el proceso ha ido crispando el ambiente de la sociedad británica y que las relaciones con Europa están más tensas que nunca. Además, como ha ocurrido y viene ocurriendo últimamente, el auge de los nacionalismos europeos ha supuesto la “muerte política” de algunos; y la revitalización de otros.  

Autor: Asier Salvadores, profesor de Inglés del Ciclo Formativo de Grado Superior Comercio Internacional.


[1] Estas opciones no hay que entenderlas como compartimentos estancos (exceptuando el No Deal), sino como un continuum con diferentes grados de “dureza”.

[2] Este nombre hace referencia a Chequers Court, casa de campo del Primer Ministro.