Hace unos días me encontraba rellenando una encuesta de satisfacción de una empresa textil en la que se preguntaba cuánto esperaba el cliente que durara una prenda.

Las opciones posibles estaban limitadas entre los 3 y los 18 meses. Yo, que soy bastante perezosa a la hora de comprar ropa, marqué evidentemente la opción de conservar la misma prenda durante, al menos, 18 meses. Soy consciente del vertiginoso ritmo de la industria de la moda y el consumo, pero me sorprendió la alevosía que se le presupone al consumidor al adquirir ropa consciente de su inminente caducidad.

Así se contribuye al crecimiento económico, claro, pero también a la actual situación de crisis medio ambiental que nos ahoga. Según las Naciones Unidas, con las cifras de población estimadas para 2050 serían necesarios tres planetas Tierra para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los modos de vida actuales. 

Estas divagaciones me llevaron a pensar en lo paradójico que resulta esto respecto a la economía circular, ese concepto que, lejos de ser nuevo, hoy escuchamos por todos lados, en muchas ocasiones, asociados a grandes marcas de la industria textil y de la moda.

Este sistema se basa en el aprovechamiento de los recursos, reduciendo la utilización de materias primas vírgenes, alargando la vida útil de los productos y minimizando la generación de residuos. Surge como respuesta al tradicional modelo lineal de usar y tirar, a la necesidad de nuevos modelos de producción y consumo sostenibles. Al fin y al cabo, el cuidado del medio ambiente es hoy en día una exigencia social y un deber de las Administraciones Públicas.

El Parlamento Europeo cuenta con dos planes de acción de economía circular en marcha, además del Pacto Verde Europeo y la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. En España, siguiendo esta línea, el pasado mes de junio de 2020 se aprobó la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC), que a través de planes trienales culminará su transición en 2030.

España Circular 2030 busca impulsar un nuevo modelo de producción y consumo donde el valor de los productos, materiales y recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, se reduzca al mínimo la generación de residuos y se aprovechen con el mayor alcance posible los que no se pueden evitar. Así, se trata de un esfuerzo para lograr una economía sostenible, descarbonizada, eficiente en el uso de recursos y competitiva.

Para que la implantación de estos planes tenga éxito es precisa la coordinación de las Administraciones Públicas y que se facilite la transición a la economía circular de las empresas, pero también concienciación de la sociedad sobre nuevas prácticas y patrones de consumo.

Europa y China son líderes en la transición hacia la circularidad. La primera, por haber impulsado varios planes para que sus miembros implementen las políticas, intercambiando información, buenas prácticas y medidas con otros estados para alcanzar los objetivos marcados. La segunda, hace más de 10 años implantó ya una Ley de Promoción de la Economía Circular, y en 2018 prohibió la importación de residuos del extranjero, potenciando así la actividad local en el ámbito del reciclaje y reutilización de materiales.

Y en un mundo global, donde el Comercio Internacional es fundamental para el desarrollo de las economías de los países, la economía circular se presenta también como una oportunidad para muchos de los agentes. Es evidente que no todas las naciones podrán implementar este tipo de modelos. Su grado de industrialización, su nivel de desarrollo tecnológico, la disponibilidad de personal cualificado o el acceso a la financiación serán factores cruciales para ello.

Aunque para muchos puede ser una amenaza en términos competitivos, la economía circular ofrece una oportunidad global para desarrollarse. Los países más desarrollados deberían establecer modelos económicos menos dependientes de los ya escasos recursos naturales de que disponen. En cambio, otros países menos desarrollados tienen la posibilidad de potenciar estos recursos, satisfaciendo las necesidades de los otros.

Nos encontramos, entonces, en un momento de cambio, donde algunas empresas habrán de cambiar sus procesos e infraestructuras para la recuperación de materiales, por ejemplo, y otras para reinventarse y ser competitivas deberán cambiar su premisa de ser fabricantes vendedores a ser prestadores de servicios, de manera que el servicio esté por encima de la propiedad. Algunas ya se han sumado a este reto, y pueden encontrarse, por ejemplo, en ese sector de la moda que hablábamos, firmas que fabrican sus productos con materiales reciclados, o iniciativas que, a cambio de una suscripción mensual muy económica, ofrecen una variedad de prendas que podrás renovar al mes siguiente. ¿Estará nuestra sociedad preparada para eso?

Este es uno de los temas que estudiamos en el Ciclo Formativo de Grado Superior en Comercio Internacional de Escuela Nexian en Cantabria, donde los estudiantes analizan casos reales de empresas que han desarrollado estrategias de innovación y adaptación a este nuevo modelo de negocio que ha venido para quedarse.

Elena Cifrián

Docente del Ciclo Formativo de Grado Superior de Comercio Internacional en Escuela Nexian